Amar inteligentemente.
A veces, estamos en pareja, pero no nos conocemos. A veces, estamos en pareja, pero desearíamos que nuestra pareja cambiara para sentirnos totalmente felices.
Hoy quiero hablarles de un tema muy frecuente en los asesoramientos con las parejas, y es conflicto que muchas de ellas tienen por querer que el otro los quiera como ellos quieren ser queridos, en lugar de aceptar que el otro los quiera a su manera. Porque lo importante es el amor, y respetar las formas en las que lo manifestamos cada uno, es importante. Como importante es conocernos, y ser sinceros al elegir una pareja, y pensar si realmente sus maneras de demostrar sus afectos, son afines, al menos un poco a las nuestras, o me gustan. Y si no lo son, es inteligente no pretender cambiar a la otra persona. Y al mismo tiempo asumir, que lo que yo espero o deseo, nunca lo tendré, pero ello no necesariamente significa que no me quiera, a su manera, pero que me quiera.
Pongamos un ejemplo para no confundirnos: Dos personas se conocieron, una se llamaba “A” y la otra persona se llamaba “B”. “A” era alegre, y demostraba su cariño hacia “B” de forma eufórica con regalos y detalles tiernos. “B” era una persona seria, nunca le gustó mostrar sus afectos en público, a veces no sabías si estaba feliz o no, porque su cara siempre era la misma, pero le dijo a “A” lo mucho que le amaba y al final, se casaron. “A” pensó que con el tiempo “B” seguramente cambiaría.
Un día a “A” le dan una gran noticia que le pone muy feliz, y corrió a buscar a “B” –¿quién mejor que “B” para compartir su gran felicidad?, -pensó. Encuentra a “B”, le cuenta la noticia, y entonces, con una leve, casi imperceptible sonrisa, “B” dice en tono bajo: “Qué bien”.
¡Y “A” se queda esperando otra reacción un tanto más expresiva! ¡Brincos, abrazos, gritos de felicidad por la buena noticia! Pero al contrario de eso, “B” no hizo más que medio sonreír y pronunciar un muy bajito un “Qué bien”.
¿Será que a “B” le interesa poco “A”? ¿Se enojará “A”? ¿Será que “B” ha perdido el entusiasmo por “A”?
Al final, “A” nunca vio en “B” la reacción que hubiera querido, y se decepcionó profundamente. Siempre sucedía lo mismo y “A” nunca supo en realidad si “B” se mantenía toda su vida en una sola emoción o no, nunca supo cuándo estaba triste y cuando no. Nunca tuvo “B” demostraciones de afecto efusivas con “A”. Y “A” se cansó y dejó a “B”. Como podrás imaginar este ejemplo que te he contado, da una idea de cómo son las expresiones de afecto, pasión y amor en la intimidad entre “A” y “B”.
Después, “B” me contó el profundo dolor que sintió cuando “A” le abandonó. “Le amaba tanto”-me dijo- “Que hubiera dado mi vida por “A” si me lo hubieran pedido”. “A” por su lado, me dijo: “Fue una tontería casarme con “B”, que ser tan frío y vacío, sin duda un gran error”.
Si “A” y “B” se hubieran conocido más, si “A” se hubiera preguntado si la forma de ser de “B” correspondía a sus necesidades afectivas, sin querer que cambiara después. Si se hubieran conocido y comprendido más, posiblemente, o no se habrían casado, o no se habrían separado nunca y habrían aceptado que: Son diferentes. Simplemente eso. Diferentes.
“B” amaba profundamente a “A”, pero nunca aprendieron a conocerse, a comunicarse, pero sobre todo, a comprenderse como seres diferentes.
Amar inteligentemente, es saber elegir y decir con verdadera honestidad, si la forma que tiene el otro, de amar o de expresar ese amor, me basta, me gusta, me atrae. Y si no me gusta, me alejo, pero nunca trataré de cambiarle. Porque no quiero que me ames a mi manera, que es mía. Sino a la tuya, que es tan válida como la mía, aunque sea diferente.
Dejemos de pensar en lo que “debe ser normal”. Dejemos de compararnos con los demás. Aprendamos a aceptar a los demás como son. Sobre todo, a esas personas con las que deseamos hacer una vida de pareja, un plan de vida. Al aceptarnos, dejamos de esperar lo que nunca tendremos del otro, no porque no nos lo quiera dar, sino porque quizá lo da de forma diferente a la que lo damos nosotros. Y aceptaremos con amor lo que nos dan. Así como el otro, aceptará nuestra forma de dar. ¿El resultado? Una pareja con una personalidad única, incomparable con las demás parejas.
¡Hasta pronto! Soy Eugenia Flores, Sexóloga Sustantiva.
Lee más artículos de Divulgación