¿Están tus padres?


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-Hola niño, ¿están tus padres?

- Sí, creo que sí.

                Estar… ¿Sabremos exactamente los adultos lo que significa: estar? Sobre todo, cuando hablamos de estar presentes en la vida de nuestros hijos. Cuando tenemos un hijo, adquirimos un compromiso, un compromiso más grande aún que el que adquirimos cuando nos casamos o decidimos vivir en pareja (los que lo han hecho). Porque un hijo es para siempre. Porque un hijo es una obra mía. Porque de mi dependerán muchas de las cosas que va a aprender. 

                Yo le voy a enseñar a mi hijo o hija muchas cosas, incluyendo, y aunque no nos guste: sobre sexualidad.

                Nada hay más difícil para los padres que comprender, que TODOS, nos guste o no, somos educadores sexuales de nuestros hijos. Que la educación sexual se da en casa. Y que hablar de sexualidad, es mucho más que hablar de genitales, y de lo que hacemos con ellos, o de prevención de embarazo, o de autoestimulación (antes llamada masturbación).

                Quizá sirva de algo, poner unos cuantos ejemplos de cosas que hacemos, y que, sin darnos cuenta, son cosas que afectarán negativamente, el desarrollo de una sexualidad plena en nuestros hijos.

                Estábamos en casa de una amiga, reunidas todas junto a la piscina. Platicando sobre los mejores chismes de las ex amigas de algunas de ellas (ese tipo de charlas que solo disfrutas cuando deseas salir corriendo del estrés del trabajo). Cuando la hija pequeña de la anfitriona llegó llorando buscando a su mamá:

  • ¡Mamá! ¡Mamá! Ven mamá, mira, ¡corre ven! –mientras tiraba del pantalón de mi amiga.
  • ¡Ay como enfadas Vanessa! ¡No me dejan ni un rato en paz, qué barbaros! ¿No ves que no puedo? ¡Hazte para allá, anda, dile a tu hermano!
  • ¡No mamá! ¡Tú! ¡Ven!
  • ¡Ay, ahorita, no me estés molestando! ¡Ahorita, ahorita… vete para allá y ahorita te alcanzo!

Lógicamente ese “ahorita te alcanzo”, nunca llegó. Y la pequeña Vanessa se metió a la casa, limpiándose los mocos con su vestido.

Cuando no escuchamos a nuestros hijos, y hacemos cosas como estas, creyendo que “esto es una molestia”, ellos se sienten frustrados, pero sobre todo, el mensaje que les estamos mandando es: “Esto es más importante que tú, y no puedo dejarlo por ti”. Lo cual es un mensaje para mi hijo o hija de que es una persona de poco valor. Indudablemente, afectará su forma de relacionarse en pareja, y afectará el desarrollo de su vida sexual. Posiblemente tenderá a soportar situaciones que no le agradan, y a no decir lo que le incomoda. Esto no significa que mamá no merezca un tiempo para ella, significa que debemos organizarnos mejor.

                Otro ejemplo claro, es el del típico padre o madre cuyo hijo varón llora y le decimos:

  • ¡Cállate, no llores, los niños no lloran!

Cuando hacemos esto, les estamos enseñando a no expresar sus sentimientos y emociones. Les decimos que llorar está mal, y por lo tanto, sentir está mal. Indudablemente, ese niño tendrá futuros conflictos con la erótica, y por ende, con el amor, pues para esto, se requiere permitirnos sentir.

                Otro caso real, que podría servir de ejemplo, es el de Paty, una mujer joven, divorciada, con una pequeña hija de 5 años, la cual quedó a su cargo. Paty es una mujer muy enamoradiza, desde que se divorció hace 2 años, ha tenido 5 novios. De acuerdo, eso no está mal, cada persona es libre de vivir su vida como lo desee. El problema, es que cada novio que tiene, lo lleva a casa, y le dice a su pequeña hija que es su nuevo papito.

                Lógicamente, la niña, como toda niña, se encariña con quien juega con ella y le hace regalos. Pero notamos que cada vez que un novio de Paty desaparece, la niña llora y pregunta “por su papito”.

                Historias como las de Paty, con más frecuentes de lo que creemos. Y no se trata de que Paty una vez divorciada, se convierta en monja y deje de intentar rehacer su vida. Y tampoco se trata de falsos moralismos. Sino de lo que ella, está haciendo que viva su hija. Pérdida, tras pérdida. ¿Por qué todos estos señores me abandonan igual que lo hizo papá? ¿Por qué se va quien dice quererme? ¿Cuántos papitos tengo? ¿Qué es un novio? ¿Qué es un papá? Entre muchas otras preguntas que sin duda un día esa niña podrá hacerse. Y toda esa información queda guardada en algún rinconcito. Información basura que no le ayudará, para el desarrollo de su futura vida sexual y afectiva.

                Mi consejo para Paty, y mujeres como ella, es mantener al margen de los hijos sus relaciones sentimentales. Y evitar presentar a sus hijos uno y otro “papito”, hasta que no estemos lo más seguras posibles, de que es una relación más estable o duradera. Evitando presentarlos como “papito”, sino como Juan, pedro o Daniel. Mismo consejo para papás solteros ¡Eh!

                En fin, recordemos que son muchos los ejemplos que podríamos poner, para comprender que existen muchas formas de educar sexualmente a nuestros hijos. Lo hacemos siempre, constantemente, sin saberlo.

                Comprender que nuestra vida, es un libro abierto que nuestros hijos saben leer muy bien. Y que siempre, nuestra vida es el ejemplo que ellos toman como referencia para muchas cosas.

                Ser padre. Estar presente en la educación y formación de nuestros hijos, es un papel que debemos tomarnos muy en serio. Nadie nos enseña a ser padres. Pero hay buena literatura que siempre puede servirnos, talleres, conferencias. Expertos a los cuales acudir. Educarnos para educar. Formarnos para formar. Tu hijo es tu obra. No te enfades con tu hijo adolescente si ha hecho algo mal. Enójate contigo, por no saber estar. Y recuerda, que nunca es tarde para rectificar y hacer las cosas desde el amor, pues todos somos educadores sexuales de nuestros hijos. 

                Eugenia Flores, Sexóloga Sustantiva.

                

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